13 sept. 2008

DIA 9 (3/4) El Misen-san

Ya con las pilas recargadas, a eso de las 2:30 de la tarde, comenzamos a subir al Misen-san (535 m) por la ruta Omoto (al Oeste), el ascenso es algo duro, pero muy agradable, y con un poco de voluntad y una mínima forma física, no hay problemas para subirlo, posiblemente el verano sea la época en que sea más duro si hace mucho calor. De todas maneras, la mayoría de la gente que sube, lo hace en funicular (unos 1000 yenes por trayecto), aunque no te sube hasta la cima, si que te ahorra algo más de 3/4 partes del ascenso.

¿Perdidos?

Los más aventureros, como nosotros, tienen alrededor de 1 hora y media de subida, por un camino marcado con pequeños hitos (con números en kanji), mucha vegetación y buenas vistas. Como por estos caminos nos cruzamos a muy poca gente, siempre nos parábamos y nos preguntábamos ¿Cuanto queda? Unos excursionistas japoneses que hacían la ruta de bajada, muy preparados (como es típico en ellos), y nosotros como siempre los más cutres del lugar, debieron pensar por nuestras pintas que íbamos a perdernos, por lo que nos regalaron un buen mapa con curvas de nivel y todos los senderos marcados, y nos explicaron por señas y las dos palabras que sabían en inglés cada punto del recorrido, mientras que una señora del grupo nos obsequiaba con unas toallitas milagrosas, impregnadas con mentol o algo similar, increíblemente refrescantes, que nos aliviaron del calor por un rato y nos dieron fuerza para subir un difícil tramo de altos escalones.


Un poco antes de llegar a la cima, hay un templo y un caldero sobre un fuego supuestamente encendido hace 1300 años por Kobo Daishi, el cual, se dice que nunca se ha apagado desde entonces (su llama fue utilizada para encender la del Parque de La Paz de Hiroshima). El caldero tiene en su interior un caldito, del que eres libre de beber, hay a tu disposición unos cuencos y cazos. Como Pablo y yo somos de los que queremos probarlo todo, no tuvimos ningún inconveniente en atrevernos con el caldito milenario, que sabía únicamente a agua caliente.

Caldero de Kobo Daishi

Subiendo 50 metros más se llega a la cima del monte y al mirador, allí descansamos un rato, y admiramos las magníficas vistas de las numerosísimas islas que salpican el paisaje, el mar rodeando la isla por los 4 costados, y la ciudad de Hiroshima al fondo. En el mirador tenían prismáticos por los que se podía mirar gratis, mirando hacia la estación del funicular, fuimos capaces de ver macacos japoneses, si subes en funicular seguro que los ves, los tienen allí como atracción, y te avisan de tener cuidado con la comida que lleves. Nosotros tuvimos mala suerte, y solo pudimos verles a través de los prismáticos del mirador de la cima, pues cuando llegamos a la estación, un cartel decía "Los monos se han ido a dormir". La bajada la hicimos por otro sendero (Momijidani), y se nos hizo muy corta.

Vistas desde el mirador de la cima

Camino de bajada

Yo recomendaría que si se sube en funicular, se baje andando, pues es muy agradable, y si la subida puede ser algo dura, la bajada es relajada y no tiene dificultad, hay muchos escalones en los tramos con más desnivel. Antes de llegar al pueblo empezamos a ver a algún ciervo, y algún arroyo y estanques con carpas coloridas, la verdad es que esta isla es bastante encantadora.

Un manso ciervo de Miyajima

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