31 ago. 2008

DIA 7 (1/4): Ascenso al Kompira-san

Como el ryokan nos ha encantado, decidimos pasar otra noche más aquí (esta vez solo alojamiento), y hacer alguna excursión. El desayuno incluido del ryokan (la noche anterior nos preguntó a que hora lo querríamos, y lo teniamos preparado puntualmente) trae verduras, tortilla, un bloque de tofu, algas nori, arroz en la cantidad que quieras y té verde.

Nos encontramos este desayuno preparado

Cargamos nuestras energías para empezar la ascensión al Kompira-san, probablemente el templo más visitado de Shikoku que no está dentro de la Ruta de los 88 templos, de la que hablaré más tarde.
Ascenso al Kompira-san

Este fue un templo budista y shintoísta, mezclando las dos religiones, como otros muchos templos japoneses, y está dedicado al Guardián de los Navegantes (algo curioso para un pueblo sin mar). Para llegar al santuario principal hay que subir 768 escalones, esta subida está salpicada de pequeños y no tan pequeños santuarios, y es bastante agradable, en el santuario principal hay ofrendas de marineros (pinturas, maquetas, y hasta un velero solar que dio la vuelta al mundo), y unas buenas vistas. Hasta aquí llegan la mayoría de turistas (solo vimos turismo japonés, éramos los únicos gaijins), pero si tienes espíritu aventurero, puedes subir hasta un total de 1.368 escalones, llegando a través del monte al santuario interior, desde el que hay mejores vistas aún, y al parecer, una serie de tallas de piedra en un acantilado (nosotros llegamos tan extenuados que se nos olvidó buscarlas). Aquí solo encontramos a un solitario monje, fueron pocas las personas con las que nos cruzamos al bajar de nuevo al santuario principal.

Santuario interior

Descendiendo al pueblo

Nuestra guía decía que cuando le comentas a un japonés que has subido al Kompira-san, debes de exagerar lo duro que fue subir tantos escalones, aunque salvo que lo hagas en pleno verano como nosotros, la subida no es tan dura. Bajamos hasta la pequeña estación de tren de Kotohira, por donde no pasarán los shinkansen, pero si trenecillos cachondos, y nos dirigimos a Takamatsu.

30 ago. 2008

DIA 6 (2/2): Llegamos a Shikoku

Desde Okayama, hay trenes directos a Kotohira, que iba a ser nuestro destino dentro de Shikoku (la más pequeña de las cuatro islas principales de Japón), a donde íbamos buscando pasar un par de días fuera de las rutas turísticas más convencionales, en un lugar más rural. Kotohira me pareció un buen destino, pues está bien conectado con Honshu y se pierde poco tiempo llegando hasta allí, es pequeño, tranquilo y con cosas que ver. Para llegar a la isla de Shikoku hay que atravesar el puente Seto-Ohashi, de 13.1 kilómetros, todo un prodigio de la ingeniería civil, que lo convierte en el puente de dos plantas (autopista y vías de tren) más largo del mundo. Fue el primer puente que conectó Honshu con Shikoku, abierto desde 1988, y sigue siendo el único para entrar con tren. La construcción se apoya en numerosas islitas que salpican el camino, las vistas desde el tren del Mar Interior merecen al menos mantenerse despierto mientras lo cruzas.

En principio no llevábamos nada reservado en Shikoku, pero yo ya tenía fichado un ryokan (alojamiento tradicional japonés) en Kotohira. Así que al llegar enfilamos directamente hacia el Kotobuki Ryokan, a poco más de 5 minutos de la estación (no tienen página web, las reservas por teléfono o directamente probar suerte, como hicimos nosotros). Al llegar allí nos atendió una señora muy amable, con la que pudimos entendernos en inglés, y tuvimos suerte, pues había una habitación para los tres. Pagamos el alojamiento por un día, 4200¥ solo alojamiento, 6300¥ con media pensión para Pablo y para mí. Tardaron un pelín en prepararnos la habitación, pero cuando llegamos, ¡uoooooh! Que lujazo, una habitación bonita y acogedora, unos futones que podrían ser 5 veces más gruesos que los de las noches anteriores, televisión, una mesita con un juego de té, agua hirviendo, yukatas y el aire acondicionado que nos dio la vida. En Shikoku también buscabamos lo que habíamos encontrado, alojarnos en un ryokan. Este es pequeñito, muy limpio y nuevo, y además tenía un bañera japonesa de madera para los huéspedes (ofuro), todo un lujo oriental por menos de 30€. Nos dimos un bañito relajante antes de la cena, y nos pusimos los yukatas.

La bañera japonesa (ofuro) del ryokan

La cena la sirven únicamente a las 7, y aunque fue deliciosa, el aumento de precio me parece excesivo, por 2100¥ nos podíamos haber dado un festín en cualquier otro lado, y sobrarnos para el desayuno. De todas formas cenar en un ryokan también es algo típico que queríamos probar, la cena fue abundante, con arroz a discreción, udon frio, tempura, calamar y pescado crudo, una especie de trucha al horno con mayonesa y alguna cosilla más.

Foto cucharete

Una vez saciados, descansamos viendo la loca tele japonesa, y nos enteramos por un reportaje de que el calor que estábamos sufriendo no era algo normal ni para estas fechas, menos mal que disminuiría en adelante.

Lolo en el paraiso, viendo Bleach en Japón

Ya de noche salimos a dar una vuelta por el pueblo, que estaba desierto, pero que resulta un lugar con bastante encanto, con un pequeño río que lo atraviesa justo al lado de nuestro ryokan y muchas tiendecitas de camino al templo que veríamos mañana.

¡Nuestro ryokan! (Kotobuki ryokan)

29 ago. 2008

DIA 6 (1/2): Castillo de Himeji

Nos despedimos de Kyoto, y nos dirigimos hacia Shikoku, la menor de las cuatro grandes islas de Japón. Pero antes, nos espera en el camino otra de las grandes atracciones turísticas de Japón, el castillo de Himeji (Himeji-jo). La ciudad de Himeji se encuentra a una hora de Kyoto, y es lo suficientemente grande como para que haga parada el shinkansen. Allí dejamos los macutos en las taquillas de la estación (hay taquillas en cualquier estación, y algunas lo suficientemente grandes como para dar cabida a nuestros tres macutos, por 600¥, maximo de 24h). Hacemos la reserva para el siguiente shinkansen, poniéndonos como margen 2h30m, que resultó suficiente. El castillo se encuentra a 15 minutos andando de la estación, ya desde lejos, su torre del homenaje aparece como una construcción majestuosa.

La Garza Nevada

Este castillo es el original que mejor se conserva en todo Japón (por todo el país hay múltiples reconstrucciones de castillos en hormigón), y posiblemente sea el más famoso. Se decía que la fortaleza era invencible, y posiblemente es una de las causas de que se haya conservado tan bien, pues nunca fue atacado. La entrada son 600¥, y lleva más de una hora recorrer la parte más interna de la fortaleza, la visita es bastante completa. El castillo es también conocido como “la garza nevada” por su color blanco y aspecto estilizado. La estrella es la torre del homenaje, a la que se puede subir, llegando planta a planta, hasta el punto más alto, con buenas vistas de toda la fortaleza y la ciudad. Himeji bien merece la pena una visita rápida, pues está muy cerca de Kyoto, más aún de Osaka y Kobe, y seguro que no defrauda.

Muchas tejas tienen grabados símbolos de los clanes que se hicieron cargo del casitillo

La torre del homenaje

Siguiendo nuestro camino, volvemos al shinkansen, y continuamos hasta Okayama, que es la puerta de entrada a Shikoku. Esta ciudad también tiene atracciones de interés, como el castillo negro de Okayama (una reconstrucción moderna), y uno de los jardines estilo Edo más importantes de Japón. Aunque paramos dos veces, y pasamos de largo una tercera, desechamos la visita ya que no fueron pocos los castillos que vimos, y veríamos otro jardín del estilo y en teoría superior, además de que el verano no es su mejor época. Esta vez teníamos 50 minutos hasta el siguiente tren, que aprovechamos para comer algo, que si no recuerdo mal fue un bol de katsu-don, cerdo frito sobre arroz, más una sopa miso que nos pusieron gratis, Pablo y yo nos repartimos la de Lolo, ya que este fue el lugar que eligió para coger los palillos por primera (y ultima vez), y enfrentarse a un bol de arroz (soso y sin nada). El influjo de Ronald McDonalds fue superior y esta situación no volvería a repetirse.

Primera y última vez que Lolo agarra unos palillos

Consejos: Kyoto

  • Esta ciudad es destino obligado de cualquier viaje por Japón. Es muy dificil hacer una visita decente en menos de 3 días completos. Se deben aprovechar bien las mañanas, ya que muchos de los lugares de interés cierran sobre las 4 o las 5 de la tarde. El Fushimi Inari Taisha es una excepción, y se puede visitar hasta el anochecer. Por la tarde-noche aprovecha para ver Gion y Pontocho, que es cuando más encanto tienen, y en el centro encontraras karaokes y recreativas, entretenimiento japonés puro y duro.

  • Hay miles de templos y santuarios en Kyoto, si es la primera ciudad que visitas, al principio posiblemente te pares a entrar a todos los que veas, pero deberías ser más selectivo si no tienes pensado quedarte un mes para ver cada rincón. En muchos templos no hace falta pagar, o se puede ver casi todo gratis, estudia bien en los que vas a entrar pagando (si pagas todos es la ruina). Igualmente pasa con los jardines, aquí tienes una web bastante interesante con vistas de los mejores de la ciudad.
  • Alquilar bicicletas puede ser una buena idea, hay lugares de interés que están algo aislados del resto, y cubrirlos a pie es casi imposible, y en transporte público, demasiado engorroso y caro. La ciudad es muy llana, y hay amplias avenidas por las que se circula estupendamente, verás a buena parte de la población local desplazarse en bici.

  • El alojamiento yo lo situaría en un punto intermedio entre la estación y el centro urbano y Gion, para poder ir andando en un paseo de 15 minutos a cualquiera de estos lados. En esta zona intermedia hay numerosos alojamientos (nosotros nos alojamos aquí y nos pareció una situación perfecta). Si vas a pasar más días en Kyoto, y no tienes previsto pasar por la estación, quizás te interese buscar algo en el propio barrio de Gion.

  • Visitas desde Kyoto: Nara es la estrella, le puedes dedicar medio día, Uji también está muy cerca (en la propia línea JR Nara) y es famoso por su té verde y el templo Byodo-in. También está muy cerca el lago más grande de Japón, el Biwa-ko, que al parecer es bastante bonito. Si te atraen más las locas metropolis japonesas, Osaka está a tiro de piedra, pero si la vas a ver, yo al menos pasaría una noche, no es un sitio para una visita de medio día.

27 ago. 2008

DIA 5 (2/2): El día de las bicis en Kyoto

Ya que teníamos las bicis, incluimos una visita a Arashiyama, al Oeste de la ciudad, y a unos 6 kilómetros de la estación de Kyoto. Llegado este punto, nos creíamos los amos de la circulación, sembrando el caos entre los peatones y coches, sobre todo Pablo, raro era que respetara algún semáforo, y no dejaba de tocar el timbre para alertar hasta los peatones que le venían de frente a él, según él, “los saludaba”. Un ratillo después llegamos a Arashiyama, yo no esperé que un lugar tan apartado estuviese tan repleto de turistas. Por casualidad paramos enfrente del templo Tenryu-ji, posiblemente el más importante de la zona, y el que veníamos a visitar. La entrada son 600¥, y dentro hay una serie de edificios, con amplios tatamis sobre los que descansar del calor que otro día más nos acompañaba. Los jardines del templo son extensos y tienen senderos que rodean el estanque.

Entrada pirncipal al Tenryu-ji, en Arashiyama

Jardines del Tenryu-ji

Vistas desde el tatami

El templo tiene dos entradas, nosotros salimos por la que da más al Norte, que deja a dos pasos del bosque de bambú de Arashiyama, otro lugar famoso y lleno de turistas, no merece la pena venirse hasta aquí solo por él, pero si ya has llegado a Arashiyama, merece una visita.

Bosque de bambú de Arashiyama

Esta zona es más interesante en otoño y primavera, ya que hay bastante vegetación, los templos son muy numerosos, y recorrimos poco el barrio, dimos unas vueltas con la bici, buscando donde comer pero sin éxito, a veces más tarde de las 2 resulta difícil y hay que recurrir a los de siempre. De vuelta hacia el centro de la ciudad encontramos un restaurante de okonomiyaki en el que un señor y su hija nos atendieron muy amablemente, aunque sin casi entendernos no tuvimos problemas para pedir unos yakisoba y okonomiyaki, eso si, acompañados de cosas aleatorias.

A toda velocidad hicimos el camino de vuelta todo en línea recta hasta llegar al Palacio Imperial de Kyoto. Para visitar el Palacio hace falta un permiso especial que dan en una oficina del interior del parque, pero solo entre semana y por la mañana, nosotros nos conformamos con verlo por fuera, y dar una vuelta por el enorme parque que lo rodea.

Palacio imperial

Ya se nos hacía tarde y teníamos que devolver las bicis antes de las 19:00, por lo que de nuevo a ritmo acelerado bajamos en linea recta hasta la estación, llegando sobre las 18:30.

Antes de dejar las bicis

Agotados otro día más, volvimos al alojamiento, donde medio embobados nos quedamos medio sopa. Ese mismo día nos enteramos por una llamada desde España de que se había producido un terremoto en el Norte de Japón, cerca de Fukushima, una réplica del terremoto de 7.2 grados de hacia un mes, el 14 de Julio de 2008. Nosotros ni nos hubiésemos enterado si no hubiese sido por las noticias desde España, la gente preocupada por un terremoto a 1000 kilómetros de donde estabamos, mientras que nosotros esperábamos que el “cosquilleo” de 5 grados se produjera bajo nuestros pies, que injusto es el mundo, no llegamos a vivir ningún terremoto durante el viaje. Si hay que vivirlo alguna vez en la vida, que mejor sitio que en el país más preparado del mundo. Solo nos quedaron fuerzas para salir a Pablo y a mi para cenar, ya bastante tarde, un bol de rico ramen cerca de la estación.

DIA 5 (1/2): El día de las bicis en Kyoto

En nuestro último día en Kyoto, y tras comprobar los días anteriores que la ciudad es un hervidero de bicis, que es bastante llana y que es fácil manejarse, decidimos alquilarnos unas para poder ver lo que nos quedaba, que eran lugares bastante dispersos, sin bicis hubiese estado muy complicado. En nuestro alojamiento (Guest House Costa del Sol), alquilaban bicis por 500¥, pero no les quedaban, así que nos mandaron a KCTP, una tienda al lado de la estación de Kyoto, que abre todos los días. Por 1000¥ teníamos una bici básica, con 3 marchas, cestita y un candado con clave, algo bastante decente para ser la más barata, el precio era para todo el día hasta las 7 de la tarde.

¡Nuestras bicis!

Nuestro primer destino fue el castillo Ni-jo, que fue la residencia de los shogunes Tokuwaga en Kyoto desde 1603. La entrada al castillo son 600¥, el interior del Palacio Ninomaru mola, es como estar en una película del Japón feudal, con puertas correderas de madera y papel de arroz, estancias para los guardaespaldas del shogún, y suelo de ruiseñor. El suelo hace un ruido característico al pasar sobre él. Y cumplía la función de alertar a los guardianes ante cualquiera que pasara por ahí, una defensa contra los ninjas enemigos que pretendiesen asesinar al shogún, aunque en ocasiones se servían de largas alfombras que extendían para pasar sobre ellas y minimizar la presión sobre el suelo. Además del palacio, los jardines que lo rodean tampoco tienen desperdicio.

Castillo Nijo

Funcionamiento del suelo de ruiseñor

Pablo disfrutando de una Fanta Grape en los jardines del Nijo

Del castillo Ni-jo seguimos al Norte, hasta el Daitoku-ji, que es un recinto enorme al que se entra gratis con varios templos menores a los que cuesta entrar 400¥ cada uno, el más destacado es el Daisen-in, que tiene unos famosos jardines Zen, pero cuando llegamos nos dijeron que estaban en obras, y nos enseñaron fotos del jardín cubierto con lonas, aunque había gente que seguía pagando la entrada, nosotros nos dimos media vuelta, dimos otra vuelta por el recinto y proseguimos. Muy cerca se encuentra otro emblema de Kyoto, el Kinkaku-ji, pabellón de oro. Es uno de los lugares más abarrotados de la ciudad, la entrada cuesta 400¥ y te permite ver la espectacular estampa del palacio dorado y su imagen reflejada en el estanque. Al igual que prácticamente la totalidad de los monumentos japoneses de madera, la que se ve es una reconstrucción tras haber sufrido un incendio, salvo que este fue intencionado, lo quemó en 1950 un monje obsesionado con el palacio. Es una visita que no puede faltar.

Esta vista es espectacular


No muy lejos se encuentra el Ryoan-ji, un jardín Zen muy famoso, que al parecer está siempre hasta arriba de gente, no lo vimos, y no se si merecerá la pena, pero por fotos me sigue gustando más el del Nanzen-ji.

26 ago. 2008

DIA 4 (3/3): Fushimi Inari Taisha

Desde Nara cogimos un tren a Kyoto, llegando por la tarde, a la hora a la que la mayoría de los templos cierran, aunque hay una excepción, un santuario de obligada visita, el Fushimi-Inari-Taisha (cierra al anochecer). La entrada al santuario se encuentra nada más salir de la estación de Inari, en la línea JR Nara y a solo dos paradas de la estación central de Kyoto, algunos trenes desde Nara también paran allí.

Entrada al santuario de Inari

El santuario se extiende por toda la montaña Inari-san, que no es muy alta (220m), para los shintoistas, Inari es el Dios (kami) del arroz y del sake, aunque también se le ha dado el papel de protector de los negocios, y por eso es muy popular. Este es mayor de los alrededor de 30.000 santuarios dedicados a Inari en todo el país. Los caminos que surcan la subida están acompañados de miles de torii, muchas costeadas por comerciantes y empresas de todo tipo. Por un lado todas las puertas son iguales, pero por el otro llevan inscripciones. Hay varios senderos que van atravesando pequeños santuarios en los que veras decenas de estatuas de zorros, que son el mensajero de Inari. Este lugar tiene muchísimo encanto, a nosotros nos fascinó y pasamos casi dos horas recorriéndolo, aunque el día estaba siendo extremadamente caluroso y acabamos agotados.

Esto vimos durante casi dos horas

De nuevo cogimos el tren en Inari para volver a nuestro alojamiento, donde descansamos y solo Pablo y yo tuvimos fuerzas para dar una vuelta por el centro, y entrar a un restaurante en una galería comercial, de nuevo un restaurante de okonomiyaki, aunque está vez pedimos yakisoba, nos pusieron en abundancia, y realmente delicioso. Comentaré aquí que cuando digo “comimos”, siempre me refiero a Pablo y a mí, si hubiesemos viajado solo Lolo y yo, que fue el plan original hasta que Pablo se apuntó in extremis tendría que hablar siempre en singular para estos momentos, pues Lolo no probó la comida japonesa en todo el viaje. Su alimentación consistía en un menú Big Mac al día, helados del propio McDonalds o quizás unas galletas Oreo y unos Kit Kat de un combini. No quiso ni probar de nuestra comida, según él, cuando has probado el summum de la gastronomía mundial (el Big Mac), no tiene sentido seguir probando más cosas. En fin, aunque le insistiéramos en que probara el ramen o cualquier otra delicia japonesa, solo rompió una vez su estricta dieta, comiendo un bol de arroz pequeño y soso.

Deliciosos yakisoba servidos en el "teppan" (plancha caliente) de nuestra mesa

Tras cenar Pablo y yo, volvimos a dar un paseo por Pontocho y Gion, que por la noche es bastante agradable, al igual que las vistas al Kamo-gawa. Sin muchas fuerzas más, volvimos para dormir, nos esperaba un duro y último día en Kyoto.

Shirakawa minami-dori, una de las calles más bonitas de Kyoto

Vista nocturna del Kamo-gawa

DIA 4 (2/3): Templos en Nara, Todai-ji y más

El Todai-ji es uno de los monumentos más espectaculares de Japón, la entrada cuesta 500¥, y tiene el edificio de madera más grande del mundo el Daibutsu-den (sala del Gran Buda). Como casi todas las construcciones japonesas son en madera, muchas han ardido en incontables ocasiones, por lo que el edificio solo es 2/3 de lo que fue un día, pero sigue impresionando. Dentro se hay un buda enorme de 16 metros, también una de las figuras de bronce más grandes del mundo. En la parte trasera del edificio hay una columna de madera con un agujero a nivel de suelo, supuestamente representativo de lo que mide el orificio de la nariz del Buda, y por el cual si consigues pasar, tendrás la iluminación asegurada, aunque solo vimos a niños intentándolo y todos debían ser iluminados.

El impresionante Daibutsu-den del Todai-ji

Buda Vairocana de bronce, 17m

Tras el Todai-ji, seguimos nuestro camino pasando por el campanario Shoro, y subimos al Nigatsu-do, desde donde hay unas buenas vistas de Nara-koen.

Vistas desde el Nigatsu-do

Seguimos el paseo entre ciervos hasta llegar al santuario Kasuga-taisha, de un color rojo-anaranjado, característico de los santuarios shinto, y se puede ver bastante bien sin pagar (que da acceso a una sala del tesoro). Alrededor del santuario encontramos a multitud de niños, dibujando en un lienzo lo que tuviesen delante, algunos padres también se habían unido y no parecía que se les diera mal.

Kasuga-taisha

Un poco más adelante encontramos otro santuario, el Wakamiya-jinga, que parecía estar consagrado a los enamorados, pues en vez de las típicas tablillas rectangulares en las que uno escribe sus deseos para luego colgarlas, las de este santuario tenían forma de corazón. Desde aquí volvimos para completar el círculo al principio del parque, donde se encuentra el Kofuku-ji, que tiene la segunda pagoda más alta de Japón.

Pagoda del Kofuku-ji

Antes de volver a la estación de tren, nos dimos un paseo por Naramachi, un barrio muy cerca, aunque no tiene nada de especial, y como no llegamos a la hora de comer (hasta las 2 de la tarde), todos los sitios estaban cerrados, aunque cerca de las estaciones siempre hay locales de “fast-food” japonesa, donde probamos el gyudon, un plato muy sencillo en el que están especializados muchas cadenas, que consiste en un cuenco de arroz con ternera por encima. Estos sitios son muy baratos y suelen tener té verde con hielos en jarras, aunque también te sirven agua si no te hace mucha ilusión el té verde, allí lo toman sin azúcar, y lo tienes hasta en máquinas de refrescos, yo me fui acostumbrando poco a poco y cada vez me gustaba más.

DIA 4 (1/3): Ciervos en Nara

Nos toca visita a Nara, primera capital “estable” de Japón, hasta entonces cada vez que moría un emperador, se trasladaba a un nuevo lugar. Solo duró 74 años (710-784), hasta que fue trasladada a Kyoto, que seria la capital oficial durante un milenio, aunque no siempre el centro político del país. La época en la que Nara fue capital, coincidió con la entrada del budismo en Japón, lo que hizo que se construyeran imponentes templos y que más adelante fueran respetados por las guerras al ceder la capitalidad.

Nara está a unos escasos 30 kilómetros de Kyoto, muy cerca también de Osaka. Hay trenes de la compañía Kintetsu que tardan 30-40 minutos desde Kyoto y que te dejan a un paso del parque de Nara (Nara-koen). Los de JR tardan un pelín más y son menos frecuentes, pero aún así no vas a esperar más de 30 minutos si tienes mala suerte. La estación de JR está a 15-20 minutos andando de Nara-koen, esta es la opción para los que lleven JR Pass.

Bambis amigables

No cabrear a los ciervos

Nada más entrar al Nara-koen, se empiezan a ver a los peculiares animales que dan más encanto aún a la ciudad, los ciervos, que según la tradición shintoista son los mensajeros de los dioses. Vemos a tres ciervos nada más entrar, nos emocionamos y vamos a hacerles fotos, luego serían miles (casi sin exagerar, ¡están por todos lados y en cantidad!) Hay puestecillos en los que venden galletas para ciervos (shika sembei), por 120¥ puedes alimentarles tu mismo, aunque pobre de ti como tengas a un ciervo grande cerca. Parecen bastante educados, no se comen la comida de los puestos, pasan de ti y no se asustan… pero en el momento que tienes unas shika sembei se vuelven como locos y te las quitan de las manos. A mi me tocó lidiar con un bicho que tenía unos cuernos más grandes que él, y claro, se llevo casi todas mis galletas, y luego quería sacarme la cartera para comprarse más. (No es broma, cuidadín con el pasaporte y el JR Pass, se han dado casos en los que los ciervos se los han comido).

Lolo dando de comer galletas a los ciervos

El de los cuernos se comió casi todas las galletas

Dentro del Nara Koen, seguimos básicamente la ruta que recomendaba la Lonely Planet, que hace un círculo pasando por todos los lugares de interés. La primera visita es el Todai-ji, aunque antes de entrar nos hicieron una foto con la puerta Nandaimon al fondo, foto fatídica, pues acabó con la cámara de Pablo en el suelo, el objetivo quedó doblado y la cámara para el arrastre. Seguimos la visita aunque ya solo con mi cámara de fotos a la que mimaría hasta el final. La puerta Nandaimon es del estilo de otras puertas de acceso a templos budistas, con dos estatuas de los guardianes Nio del templo, Agyo y Ungyo tallados en madera, solo que estos son inmensos y bastante impresionantes. Agyo siempre tiene la boca abierta, con el sonido “a”, y Ungyo tiene la boca cerrada con el sonido “n”, La “a” es la primera letra del alfabeto sánscrito y el japonés y simboliza el nacimiento, y la “n” es la última en ambos alfabetos, simbolizando la muerte. Combinadas significan el todo, algo así como el alfa y omega de los crucifijos.

La puerta Nandaimon, la foto que acabó con la cámara de Pablo

Uno de los guardianes Nio, Agyo.

24 ago. 2008

DIA 3 (3/3): La estación de Kyoto

Absortos con tanto templo y caminata, son casi las cinco de la tarde y aún no hemos comido, pero hemos aprovechado bien toda la mañana y nos hemos visto los lugares de interés del Este de Kyoto. Desde este punto, bajamos andando hasta el centro, que está lejísimos, y comemos unos udon con tofu frito, en un sitio de comida rápida japonesa, en donde puedes comer por menos de 500¥ (3€). En el centro recorremos alguna galería comercial, que son calles convertidas en centro comercial, con hilo musical, y curiosas al principio, hasta que no dejas de verlas por todos lados. Si pasas por el centro no muy tarde, también es una buena idea pasearse por el mercado Nishiki, cuando llegamos nosotros estaban echando el cierre.

Descansamos unas horas en “Costa del Sol”, y ya por la noche fuimos a echar un ojo a la estación de Kyoto, que además es un centro comercial monstruoso de 11 plantas, al parecer tuvo muchas críticas porque algo tan moderno pegaba poco con está ciudad tan llena de edificios tradicionales, pero la verdad es que es una construcción bastante artística, y las vistas de la ciudad, con la Kyoto Tower en un primer plano, no tienen desperdicio y son gratis.

Estación de Kyoto desde la última planta

Vista de la Kyoto Tower desde la estación


Cerca de la estación o dentro de ella hay numerosos sitios para comer, nosotros probamos en un sitio al azar, perdido en un callejón y en un tercer piso, nos metimos en un restaurante de okonomiyaki (literalmente, cocina lo que quieras). Los okonomiyakis son una especie de tortilla o crep japonesa, a base de harina, huevo y repollo, y generalmente también con fideos soba o udon. Por un poco más de dinero los hay con pulpo, calamar, marisco, carne, todo ello hecho a la plancha y recubierto con una salsa especial (similar a la Worcestershire) y mayonesa. Te lo sirven sobre un hornillo caliente, y generalmente en estos sitios suelen tener yakisoba (fideos fritos a la plancha). Hay dos formas de hacer el okonomiyaki, estilo Kansai (cocinado todo junto), o estilo Hiroshima (por separado), además en algunos sitios más baratos, te traen los ingredientes y te los haces tu mismo, no tuvimos la suerte o la desgracia de encontrarnos con uno de estos, el resultado podría haber sido mítico. En el de Kyoto (estilo Kansai), pedimos un okonomiyaki de pulpo, y otro de calamar, aunque no estabamos muy seguros de que hacer con el cuando nos lo sirvieron, y el chef era algo antipático y nos dejó a nuestra suerte. Aprendimos observando a los de la mesa de al lado, que les pusieron las salsas y los cortaron en cachos para irse apartando trozos poco a poco. En fin, está bastante rico, y es algo que yo nunca he visto fuera de Japón, aunque seguro que acaba llegando.

Okonomiyakis de pulpo y calamar

DIA 3 (2/3): Templos en Kyoto (Norte de Higashiyama)

Tras el Chion-in de este templo nos dirigimos a la zona Norte de Higashiyama, todo a pata. Al lado del Museo Municipal de Arte y del Zoo, hay un torii enorme, justo tras cruzar un canal de Kamo-gawa.

Siguiendo la dirección del canal hasta más allá de su final, se encuentra el Nanzen-ji, otro templo del estilo del anterior, aunque menos espectacular, también tiene un jardin Zen por el que se paga aparte, no entramos, pero tras ver las fotos ahora me arrepiento. Muy cerca del Nanzen-ji, empieza el Tetsugaku no michi (Camino de la filosofía), un paseo de algo menos de dos kilómetros, y que al parecer es uno de los mejores sitios de Kyoto para ver los cerezos en flor. En verano es simplemente un paseillo agradable a lo largo de un canal, que te acerca a otros templos más al Norte. El Honen-in, es otro templo Zen, más pequeño, pero escondido en un enclave que da la mayor parte de su encanto, la entrada también es gratuita.

Dos mujeres con kimono en el Camino de la Filodsofía

Honen-in

Por ultimo nos queda otro plato fuerte, el templo más al Norte de todos los que vimos hoy fue el Gingaku-ji, el pabellón de plata. La entrada son 500¥, y como los japoneses son muy legales, ya nos avisaron antes de pagar de que el pabellón principal estaba en restauración, una vez aquí ya no nos importó, pero fue una pena no tener la vista famosa del templo con el jardín de arena blanca, o el estanque y el edificio detrás. Aún así, solamente los jardines merecen ya la pena, este templo es de los más abarrotados y tienen un circuito marcado que se recorre en menos de 10 minutos si no vas con un poco de pausa. A pesar de su nombre, la intención de recubrir el pabellón con plata del shogún Ashikaga Yoshimasa, nunca llego a cumplirse, pues los Ashikaga entraron en declive. Su abuelo Ashikaga Yoshimitsu si había logrado forrar parte del pabellón de oro del metal que le da nombre, y que veremos en un par de días.

Jardín de arena rastrilleada del Gingaku-ji

El Gingaku-ji desde arriba