Este onsen se encuentra a 5 kilómetros del centro de Nikko, el autobús te deja a un kilómetro a la ida, pero a la vuelta para en la misma puerta. El kilómetro a pie lo hicimos bajo un torrente de agua, con lo que llegamos empapados al onsen.
La entrada son 500¥ (cerrado los Jueves), el complejo es simétrico, con una parte para mujeres y otra para hombres. En el vestuario hay que dejar absolutamente todo lo que lleves encima, para ponerte la llave de la taquilla como pulsera, y entrar en pelota picada a los baños.
Lo primero que tienes que hacer es enjabonarte y frotarte bien, los japoneses lo hacen sentados. Es importante que no te saltes esto, pues los baños no son para limpiarse, son para relajarse, y hay que entrar limpio. Pablo, el rey de las faltas de respeto, se salto involuntariamente este paso.
En este complejo teníamos tres tipos de baños en el interior, con agua a diferente temperatura, y jacuzzi, pero lo mejor era el baño exterior (rotemburo), bañarse en unas aguas termales al aire libre, mientras llueve, es bastante agradable.
No se cuanto se suele permanecer como media en estos baños, pero a mi el agua tan caliente me empezó a marear en menos de 15 minutos, nos salimos los tres y completamente relajados nos quedamos medio sopa en el salón del complejo. Obviamente no pudimos sacar fotos del onsen, las que pongo son del folleto que me guardé.
A la vuelta, nos cogimos la cena en un combini para tomarla en la sala del albergue mientras veíamos la tele.
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