2 sept. 2008

DIA 7 (4/4): Zentsu-ji

La alternativa a Megi-jima, era hacer una visita a Zentsu-ji, tuvimos mala suerte con los trenes y tuvimos que dar un rodeo y cambiar de tren en Tadotsu, aunque el tren que habíamos cogido esta mañana nos llevo directos a Takamatsu pasando por Zentsu-ji. Aún así, no hay mal que por bien no venga, y montamos en el tren mas pintoresco de todo el viaje, un único vagón repleto de chavales que volvían a casa desde el colegio.

El shinkansen de Shikoku

Zentsu-ji es un pueblo de Shikoku, a menos de 10 minutos en tren de Kotohira, famoso por unas cuantas cosas, fue el lugar de nacimiento de Kobo Daishi, uno de los personajes más venerados de Japón, fundador de la escuela budista Shingon, se dice que inventó el silabario haragana En su honor, en esta isla hay un “Camino de Santiago”, pero circular, de unos 1.200 kilómetros, recorriendo 88 templos, muchos de ellos fundados por el propio Kobo Daishi, es lo que se conoce como la Peregrinación de los 88 templos de Shikoku. Es posible que visitando alguno te encuentres a algún peregrino, vestido de blanco, con un gorro cónico (sugegasa), y un palo de madera.

Auténticos peregrinos de los 88 templos

Pues bien, Zentsu-ji, además de ser el lugar de nacimiento y donde paso su infancia Kobo Daishi, tiene el más grande de los 88 templos, del mismo nombre de la ciudad, (según nuestra guía, el resto de templos cabrían sin problemas en su aparcamiento), y fue el único que visitamos nosotros. El templo está a 15 minutos andando de la estación de tren, y como llegamos ya tarde, el lugar estaba desierto, y los edificios cerrados, pero fue algo positivo, pues el complejo estaba abierto, y éramos los únicos viéndolo. El recinto se divide en dos partes, una que está rodeada de 500 estatuas de monjes, con una enorme págoda y varios edificios, y otra con alguna fuente y edificios más grandes (nosotros casi pasamos por alto la segunda). La verdad es que no nos defraudó, no esperábamos que esta visita alternativa fuera tan de nuestro agrado. Si se visita cuando está abierto, se puede bajar al sótano, y por 500¥ atravesar un pasillo de 100 metros completamente a oscuras. Si se atraviesa con la mano izquiera apoyada contra la pared, y pintada con mandalas, ángeles y flores de loto, alcanzar la iluminación será pan comido.

Las estatuas rodeaban uno de los recintos

Todas distintas, eran tantas que no vimos ni la mitad

Fuentes con forma de dragón y cazos para la purificación, frente a un templo del Zentsu-ji

Por último, este lugar es también famoso por la invención de la famosa “sandia cubica”, los agricultores las hacen crecer dentro de un molde, y son perfectas para economizar el espacio dentro del frigorífico, otra de las excentricidades japonesas que recorrieron el mundo.


No encontramos la sandía, pero si nos comimos unos plátanos a 10¥ cada uno (6 céntimos de €), aunque generalmente la fruta es bastante cara en Japón, aquí nos los vendieron tiradísimos de precio. Desde aquí regresamos a Kotohira, donde nos dimos un bañito en el ryokan, y salimos a dar una pequeña vuelta por el pueblo.

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