19 oct. 2008

DIA 16 (3/3) Ikebukuro, centros comerciales y pachinko

El barrio de Ikebukuro, donde estamos alojados estas dos primeras noches, no es de los más turísticos de Tokyo, aunque como casi cualquier lugar de la ciudad, si tiene algún que otro atractivo. Es un barrio que puede considerarse como el hermano pequeño de Shinjuku, neones, edificios altos y mucha gente, pero nada tan a lo grande como en Shinjuku. Al lado de la estación se encuentran dos de los centros comerciales más grandes del país Seibu y Tobu, que durante años fueron los más grandes del mundo.

Sunshine City

Nosotros nos dirigimos a Sunshine City, un complejo de varios edificios que funciona como una ciudad en si misma, es centro comercial, lugar de residencia, cuenta con oficinas y opciones culturales y de ocio. Tenían montado un espacio especial dedicado a Naruto, y otro para Ultraman. A la hora que llegamos nosotros solo seguian abiertos restaurantes y cines, y los vecinos tenían montada una fiestecilla con bailes, puestos de comida y juegos para los niños.

Ultramen

Fiesta en Sunshine City

Otra de las cosas que nos quedaba por probar, era el pachinko. A lo largo de nuestro viaje, comprobamos como en cualquier rincón del país hay salones de este juego, abarrotados de gente a todas horas, habíamos entrado varias veces, pero sin atrevernos a probarlo pues el ruido ensordecedor de las máquinas y tal cantidad de gente con bandejas de bolitas amontonadas a su espalda, nos echaban un poco para atrás. Esta vez nos decidimos, la mecanica del juego es muy sencilla, se juega con un billete de 1000¥, con el que obtienes 250 bolas de metal (cada bola vale 4¥). Con una rueda se va accionando la caida de las bolas, puedes regular que caigan más deprisa o despacio, y el objetivo es que las bolas se meta por la zona central.

Una máquina de pachinko

Cada vez que una bola se mete por el centro, ganas más bolas, y lo que es más importante, y se accionan una tirada del estilo de las tragaperras, en la que si consigues alinear 3 figuras iguales puedes acceder a una ronda de bonus, que es donde realmente se consiguen los grandes premios. Las bolas luego se canjean por tickets de premios, y estos tickets se pueden canjear por dinero. Nosotros perdimos los 1000¥ en un abrir y cerrar de ojos, y no le encontramos ninguna gracia al juego, parece increíble como algo así puede enganchar tanto a la gente.

Anuncio gigante en ikebukuro

Tras el pachinko dimos una vuelta por el barrio, y nos metímos a cenar a un local en el que no había donde sentarse, en estos sitios se come de pie sobre una barra, por un precio irrisorio. Nos metimos una cena a base de ramen, arroz y pollo por unos 700¥.

Ya en el ryokan nos quedamos viendo la tele, y tuvimos la suerte de pillar un programa en el que daban lecciones de español a japoneses, tronchante. Los concursantes tenían que intentar convencer a un español, que hacía de pasajero de un tren, de que se bajara en Valencia con ellos.




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