27 ago. 2008

DIA 5 (1/2): El día de las bicis en Kyoto

En nuestro último día en Kyoto, y tras comprobar los días anteriores que la ciudad es un hervidero de bicis, que es bastante llana y que es fácil manejarse, decidimos alquilarnos unas para poder ver lo que nos quedaba, que eran lugares bastante dispersos, sin bicis hubiese estado muy complicado. En nuestro alojamiento (Guest House Costa del Sol), alquilaban bicis por 500¥, pero no les quedaban, así que nos mandaron a KCTP, una tienda al lado de la estación de Kyoto, que abre todos los días. Por 1000¥ teníamos una bici básica, con 3 marchas, cestita y un candado con clave, algo bastante decente para ser la más barata, el precio era para todo el día hasta las 7 de la tarde.

¡Nuestras bicis!

Nuestro primer destino fue el castillo Ni-jo, que fue la residencia de los shogunes Tokuwaga en Kyoto desde 1603. La entrada al castillo son 600¥, el interior del Palacio Ninomaru mola, es como estar en una película del Japón feudal, con puertas correderas de madera y papel de arroz, estancias para los guardaespaldas del shogún, y suelo de ruiseñor. El suelo hace un ruido característico al pasar sobre él. Y cumplía la función de alertar a los guardianes ante cualquiera que pasara por ahí, una defensa contra los ninjas enemigos que pretendiesen asesinar al shogún, aunque en ocasiones se servían de largas alfombras que extendían para pasar sobre ellas y minimizar la presión sobre el suelo. Además del palacio, los jardines que lo rodean tampoco tienen desperdicio.

Castillo Nijo

Funcionamiento del suelo de ruiseñor

Pablo disfrutando de una Fanta Grape en los jardines del Nijo

Del castillo Ni-jo seguimos al Norte, hasta el Daitoku-ji, que es un recinto enorme al que se entra gratis con varios templos menores a los que cuesta entrar 400¥ cada uno, el más destacado es el Daisen-in, que tiene unos famosos jardines Zen, pero cuando llegamos nos dijeron que estaban en obras, y nos enseñaron fotos del jardín cubierto con lonas, aunque había gente que seguía pagando la entrada, nosotros nos dimos media vuelta, dimos otra vuelta por el recinto y proseguimos. Muy cerca se encuentra otro emblema de Kyoto, el Kinkaku-ji, pabellón de oro. Es uno de los lugares más abarrotados de la ciudad, la entrada cuesta 400¥ y te permite ver la espectacular estampa del palacio dorado y su imagen reflejada en el estanque. Al igual que prácticamente la totalidad de los monumentos japoneses de madera, la que se ve es una reconstrucción tras haber sufrido un incendio, salvo que este fue intencionado, lo quemó en 1950 un monje obsesionado con el palacio. Es una visita que no puede faltar.

Esta vista es espectacular


No muy lejos se encuentra el Ryoan-ji, un jardín Zen muy famoso, que al parecer está siempre hasta arriba de gente, no lo vimos, y no se si merecerá la pena, pero por fotos me sigue gustando más el del Nanzen-ji.

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